Pocos artículos promocionales tienen la trayectoria y la vigencia del vaso de vidrio. Décadas después de que las primeras ediciones coleccionables de Coca-Cola, Sprite y Fresca llegaran a las alacenas mexicanas, el formato sigue siendo uno de los más efectivos del catálogo de punto de venta. La razón es simple: un vaso de vidrio bien diseñado no se tira, se usa todos los días, y cada vez que se usa, trabaja para la marca.
Lejos de ser una categoría nostálgica sin futuro, el negocio de los objetos coleccionables está en plena expansión. El mercado global de coleccionables alcanzó los 304.5 mil millones de dólares en 2024 y se proyecta que llegue a 469.9 mil millones en 2032, con un crecimiento anual compuesto del 5.5 por ciento (Espinoza, 2025). Y el vaso de vidrio de marca es, desde hace años, uno de los protagonistas de ese fenómeno.
El caso más reciente y más visible de esta lógica en México fue el lanzamiento de las villas navideñas de Coca-Cola en Walmart, donde la disponibilidad limitada disparó la fiebre entre los consumidores, con comentarios como "solo llegaron 3 de 5" y "me llevé 4 para regalar" (Espinoza, 2025). El mismo principio de escasez planificada y deseo de colección es el que ha sostenido, desde hace más de un siglo, el éxito de los vasos de vidrio de bebidas en la mesa mexicana. Un estudio de NielsenIQ revela que el 34 por ciento de los consumidores urbanos busca constantemente productos nuevos, mientras que el 40 por ciento prioriza la innovación al elegir una marca (Espinoza, 2025) — el vaso coleccionable responde exactamente a ese apetito, con una inversión mucho menor que la de otras categorías de merchandising.
La misma dinámica se repite en formatos más recientes. Coca-Cola ha llevado el coleccionismo del vaso a nuevas generaciones con ediciones de cine que retoman el lenguaje coloquial mexicano —"mijo", "amix", "chido"— y que generaron una respuesta inmediata en redes sociales por su cercanía cultural (Merca2.0, 2025). En el terreno deportivo, la marca también apostó por vasos con tecnología termosensible que cambian de color al contacto con bebidas frías, combinando la nostalgia del vaso futbolero clásico con una innovación que se volvió viral en TikTok e Instagram (iProfesional, 2026). El mensaje es consistente: el vaso de vidrio sigue siendo terreno fértil para la innovación de marca, no solo para la tradición.
Más allá del fenómeno del coleccionismo, el vaso de vidrio tiene ventajas estructurales que otros materiales no igualan. Es un material de alta calidad que asegura durabilidad, apto para lavavajillas, que no absorbe olores ni sabores y que puede grabarse o imprimirse con el logotipo de la marca sin perder su elegancia (Cosmos Online, s.f.). Es, al mismo tiempo, un artículo funcional para la mesa de todos los días y una pieza de exhibición que el consumidor conserva por años.
El propio portafolio de AIM Worldwide es prueba de esto. La colección de vasos de vidrio desarrollada para Coca-Cola —fabricados en vidrio grueso y resistente, con un inserto en la base con el diseño de la botella contour— se distribuyó en el Canal Moderno junto con un six-pack familiar de refresco, llegó a más de 100,000 hogares mexicanos y fue recibida como un producto promocional coleccionable, llamativo y duradero (AIM Worldwide, s.f.). Es exactamente el resultado que busca cualquier marca que invierta en esta categoría: que el vaso siga en la alacena mucho después de que la promoción terminó.
Parte del atractivo del vaso de vidrio frente a otros materiales promocionales está en la variedad de técnicas de decoración disponibles, cada una con un efecto distinto sobre cómo el consumidor percibe la calidad de la pieza. El esmaltado cerámico, cocido a alta temperatura, produce un acabado que no se despinta ni con lavados frecuentes ni con el paso de los años, y es la técnica que ha permitido que vasos de Coca-Cola, Fresca y Sprite de ediciones pasadas sigan circulando hoy como piezas de colección en perfecto estado. La serigrafía de varias tintas permite ilustraciones más detalladas y coloridas, ideal para series con distintos personajes o escenas, como las desarrolladas para Lala o Electrolit. El grabado o inserto en la base, por su parte, añade un nivel adicional de sofisticación: es un detalle que el consumidor descubre al usar el vaso, no al comprarlo, y que comunica cuidado artesanal sin ocupar espacio visual en el cuerpo de la pieza.
La elección de la técnica no es solo estética, también es estratégica. Una marca que busca un vaso de larga vida en anaquel y en el hogar —como suele ser el caso de refrescos y aguas embotelladas— se beneficia más del esmaltado cerámico por su resistencia. Una marca que busca generar una colección visualmente rica y coleccionable en poco tiempo —como ocurre con lanzamientos de temporada o ediciones limitadas— puede aprovechar mejor la serigrafía multicolor. Y una marca que busca diferenciarse en un anaquel saturado de vasos similares encuentra en el inserto de base una manera económica de destacar sin rediseñar toda la pieza.
Parte de la fortaleza del vaso de vidrio como artículo promocional es su versatilidad de formatos, y ahí es donde el trabajo reciente de AIM para la temporada de verano lo demuestra con claridad.
Kits de caballitos. Formatos pequeños de alta rotación, ideales para marcas de bebidas espirituosas y refrescos de sabor. Las propuestas desarrolladas para Squirt y para Tequila Herradura muestran cómo un vaso de 60 ml puede convertirse en un set coleccionable de cuatro piezas con empaque de edición de temporada, perfecto tanto para regalo como para punto de venta.
Vasos coleccionables por serie. El formato que mejor explota el instinto de colección del consumidor mexicano. Las series desarrolladas para Lala y para Electrolit —cada una con cuatro diseños distintos bajo un mismo concepto de verano— invitan al consumidor a completar la colección, generando compras repetidas y una razón concreta para volver a comprar la marca.
Vasos apilables. Una solución elegante para el reto logístico y de exhibición en anaquel. El desarrollo para Bonafont resuelve ese problema con un sistema de tres piezas apilables que además arma una sola ilustración al colocarse una sobre otra, convirtiendo el empaque en parte de la experiencia visual.
Vasos cónicos y de alto volumen. Formatos versátiles para marcas que buscan mayor presencia en anaquel, como las propuestas desarrolladas para Tajín y Monster Energy, con capacidades de hasta 650 ml e ilustraciones que ocupan toda la superficie del vidrio.

No todos los formatos de vaso de vidrio persiguen el mismo objetivo, y elegir bien desde el inicio del proyecto ahorra tiempo y presupuesto. Si el objetivo es generar lealtad y compra repetida durante una temporada, el formato de serie coleccionable —como el desarrollado para Lala o Electrolit— es el que mejor funciona, porque convierte cada compra adicional en un paso hacia completar la colección. Si el objetivo es reforzar la presencia de marca en un momento de consumo específico, como una comida familiar o una reunión, el vaso apilable tipo Bonafont resuelve tanto el reto de espacio en casa como el de exhibición en anaquel. Si el objetivo es activar una categoría de bebidas espirituosas o de sabor en un canal de consumo social, los kits de caballitos como los de Squirt o Herradura ofrecen el formato de menor costo por unidad con el mayor potencial de regalo. Y si el objetivo es maximizar el impacto visual de marca en un solo golpe, sin necesidad de coleccionismo, los vasos cónicos de alto volumen como los de Tajín o Monster Energy son la elección más directa.
Lo que distingue al vaso de vidrio de otros artículos promocionales es que no compite por la atención inmediata del consumidor: compite por un lugar permanente en su cocina. Cada vez que ese vaso se usa para sostener agua, refresco, un café con hielo, la marca vuelve a aparecer sin que la marca tenga que invertir un solo peso adicional en esa impresión. Es, en el sentido más literal, publicidad recurrente y gratuita después de la compra inicial.
Para cualquier marca —de bebidas, de alimentos o de retail— que busque una pieza con potencial de coleccionismo, presencia diaria en el hogar mexicano y flexibilidad de formatos, el vaso de vidrio promocional sigue siendo, en 2026, una de las apuestas más sólidas del catálogo.
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