Casos de éxito aim

Exhibidores Modulares Wise: Ruedas para que el dip también llegue a la reunión

Funciones que se complementan para vender en el punto de venta
exhibidor de plástico
Wise

Wise Snacks es una empresa con más de 100 años de trayectoria, especializada en la elaboración de botanas como papas fritas, palomitas y snacks de queso. Su portafolio incluye marcas como Wise, Cheez Doodles y Ridgies, con una amplia variedad de sabores.

Canal
Moderno
Solución
EXHIBIDORES INNOVADORES

Para evaluar un exhibidor de dips, conviene imaginarlo después de la primera venta. Falta un frasco, otro comprador quiere comparar sabores y alguien de la tienda necesita reponer producto. Más tarde habrá que limpiar el espacio o reorganizar esa zona. La fotografía del exhibidor terminado no muestra todas estas situaciones, pero su diseño debe considerarlas. Ahí empieza el proyecto que desarrollamos en AIM para WISE: en las pequeñas tareas que determinan si una exhibición resulta cómoda para quien compra y práctica para quien la mantiene.
La propuesta reúne seis charolas, comunicación intercambiable, entrega desarmada y opciones de apoyo con ruedas o patas fijas. Cada elemento responde a una necesidad distinta. Las charolas permiten distribuir los frascos; los gráficos pueden renovarse; las ruedas ofrecen movilidad, y las patas permiten contemplar una configuración fija. El interés del proyecto está en cómo estas funciones trabajan juntas, no en presentar una lista de accesorios.

Reto

Pensar más allá del montaje

El desafío de diseño era reunir distintas presentaciones de dips en una estructura que resultara comprensible para el comprador y práctica para la tienda. La imagen del proyecto presenta Salsa con Queso, French Onion Dip y Chunky Salsa en versiones Mild y Medium. Esa variedad plantea una tarea concreta: organizar el surtido para que las diferencias puedan apreciarse sin obligar al consumidor a revisar toda la exhibición. Un comprador puede llegar buscando un sabor específico; otro, descubrir una opción mientras compara. El diseño necesita dar espacio a ambas situaciones.  CASOS DE EXITO 600 X 600 exh wi…
Desde AIM, abordamos el proyecto relacionando las decisiones de diseño con situaciones de uso. ¿Cómo distribuir los sabores? ¿Qué ocurre cuando cambia la campaña? ¿Cómo responder a una nueva ubicación? ¿Qué necesita recibir el establecimiento para montar la unidad? Estas preguntas permiten considerar tanto el momento de elegir como el trabajo que hace posible mantener el producto disponible. El exhibidor debía servir al comprador, pero también a la persona que lo recibe, lo arma, lo abastece y lo incorpora a la operación cotidiana.

Solución

Seis niveles para ordenar la elección

El exhibidor está fabricado mediante inyección de plástico e incorpora seis charolas y postes para su armado. Los niveles ofrecen una base para distribuir el surtido según las necesidades de cada establecimiento. Una aplicación posible es agrupar los frascos por sabor y mantener esa organización durante las reposiciones. Así, quien busca una presentación encuentra una distribución consistente, en lugar de tener que localizarla entre productos mezclados. La estructura proporciona los espacios; el plan de exhibición determina cómo aprovecharlos.
Esta organización también puede facilitar el trabajo del personal. Cuando cada presentación tiene un lugar definido, resulta más sencillo revisar dónde falta producto y qué variedad debe reponerse. Para aprovechar los niveles, conviene mantener las etiquetas orientadas hacia el comprador y evitar que el acomodo cambie sin un criterio claro. Son decisiones sencillas, pero conectan directamente el diseño con la experiencia: el cliente encuentra una selección ordenada y el responsable de tienda dispone de una referencia para mantenerla.

Capacidad para el surtido real

La capacidad máxima aproximada indicada es de 16 frascos por charola, con un total de 96 frascos por exhibidor. Este dato ayuda a planear el abastecimiento, pero no significa que todas las tiendas deban llenarlo de la misma manera. La cantidad adecuada depende del surtido, su demanda y la frecuencia de reposición. La capacidad corresponde a los frascos considerados en la propuesta y no debe trasladarse automáticamente a cualquier presentación.
La ventaja está en disponer de una referencia para coordinar inventario y espacio. Una variedad con mayor movimiento podría recibir más lugar dentro del plan de exhibición, mientras otra necesitaría menos unidades. Esa decisión tendría que apoyarse en lo que ocurre en cada establecimiento. La capacidad deja de ser un número aislado cuando ayuda a resolver cuánto producto conviene tener disponible y cómo distribuirlo. El objetivo no es llenar por llenar, sino mantener una oferta que el comprador pueda encontrar y el personal pueda administrar.

Medidas para planear el uso

Las dimensiones de 41 centímetros de frente por 41 centímetros de fondo y 146 centímetros de alto concentran los seis niveles en una estructura vertical. Conocer estas medidas permite evaluar dónde puede integrarse la unidad antes de instalarla. También ayuda a anticipar cómo convivirá con el mobiliario y las actividades del establecimiento, en lugar de resolver esas preguntas cuando el exhibidor ya está armado.  

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Sin embargo, el espacio necesario no termina en los límites de la base. También hace falta considerar dónde se detendrá el comprador, cómo se acercará para tomar un frasco y por dónde accederá el personal para reponer. Un espacio puede ser suficiente para colocar el mueble y, aun así, resultar poco cómodo para utilizarlo. La aportación de estas dimensiones es ofrecer una configuración definida sobre la cual planear. La experiencia mejora cuando la ubicación permite aprovecharla sin complicar el movimiento alrededor.

Ruedas para responder a los cambios

El proyecto incluye un juego de cuatro ruedas y cuatro patas fijas. La opción con ruedas permite contemplar cambios de ubicación sin tratar el exhibidor como una pieza permanentemente ligada al lugar donde se instaló. Esto puede ser útil cuando se reorganiza una categoría, cambia una campaña o se necesita acceder al espacio ocupado para realizar labores de limpieza. Su valor no se limita a encontrar una posición más visible: también está en facilitar la adaptación del mobiliario a las necesidades de la tienda.  WhatsApp Image 2026-10-22 at 4.…
Para WISE, una posibilidad sería evaluar una ubicación cercana a papas o totopos, donde el comprador pueda relacionar el dip con sus acompañamientos. Para el personal, otra aplicación sería retirar temporalmente la unidad de una zona que necesita reorganizarse. Son ejemplos de uso potencial, no movimientos documentados del proyecto. En ambos casos, la movilidad ofrece una alternativa frente a una estructura sin ruedas. Cualquier traslado debe respetar las condiciones de uso; la ficha no especifica si puede desplazarse con los 96 frascos colocados.

Patas cuando conviene permanecer

Las patas fijas responden a una necesidad diferente. Cuando se prevé mantener el exhibidor en una ubicación, permiten contemplar una configuración de apoyo sin ruedas. La elección debe partir de cómo se utilizará el mueble: si requerirá desplazamientos, con qué frecuencia y bajo qué condiciones. Disponer de ambas opciones permite considerar esos escenarios desde el proyecto, en lugar de asumir que todas las tiendas necesitan la misma configuración.
Esta diferencia importa porque movilidad y permanencia resuelven tareas distintas. Las ruedas pueden ser convenientes para una implementación que requiera cambios; las patas, para una instalación fija. El beneficio está en elegir el apoyo de acuerdo con la operación, no en incorporar movilidad donde no hace falta ni limitarla donde sí puede ayudar. La selección y el montaje deben seguir las indicaciones correspondientes al exhibidor.

Renovar lo que necesita cambiar

Cada charola cuenta con una cenefa intercambiable. La propuesta también incluye seis laterales intercambiables y un copete desmontable. Estos componentes permiten actualizar las piezas gráficas previstas para ello sin sustituir todo el exhibidor. Una campaña puede terminar mientras la estructura sigue siendo útil; un mensaje puede requerir ajustes sin que las charolas hayan perdido su función. Separar esas necesidades permite conservar lo que funciona y renovar lo que debe comunicar algo distinto.  WhatsApp Image 2026-10-22 at 4.…
Para el comprador, la actualización puede aportar algo más útil que un cambio de apariencia. Una cenefa podría ayudar a identificar una variedad; el copete, explicar una combinación para compartir; los laterales, mostrar una sugerencia de uso. Son aplicaciones posibles que deben corresponder al surtido real. La oportunidad consiste en presentar información que ayude a elegir, no en llenar todas las superficies de mensajes. Para el personal, esta separación entre estructura y gráficos permite planear qué piezas necesitan cambiar y cuáles pueden mantenerse.

La experiencia empieza en la entrega

El exhibidor se entrega desarmado en una caja individual, con sus charolas y postes para el armado. Este formato permite organizar la recepción por unidad y planear el montaje en el destino correspondiente. Es una parte del proyecto que rara vez protagoniza la comunicación comercial, aunque forma parte del trabajo necesario para que el producto llegue a exhibirse. Antes de pensar en la primera venta, alguien debe recibir los componentes, revisar que estén completos y preparar la instalación.  WhatsApp Image 2026-10-22 at 4.…
Para aprovechar esa configuración, la implementación debería coordinar la entrega, el espacio de armado, la opción de apoyo y la disponibilidad de producto. No contamos con tiempos de montaje para atribuirle una reducción específica en esa tarea. Su valor práctico está en contemplar la unidad desde su recepción, no solamente cuando ya luce terminada. Un diseño orientado al uso también debe considerar a las personas que lo ponen en funcionamiento.

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Resultados

Funciones que se complementan

El resultado verificable es una solución que reúne seis niveles de exhibición, capacidad aproximada para 96 frascos, superficies gráficas intercambiables y alternativas de apoyo móvil o fijo. Su aportación se entiende mejor al relacionar esas características con tareas concretas: organizar el surtido, revisar espacios disponibles, renovar mensajes o adaptar la posición del mueble. La propuesta no depende únicamente de su apariencia para ofrecer utilidad.
Lo interesante es que estas funciones pueden complementarse. Un cambio de ubicación puede acompañarse de una actualización gráfica; una revisión del surtido puede modificar la distribución de producto entre niveles; una instalación que no requiere desplazamientos puede contemplar patas fijas. El diseño ofrece opciones para responder a necesidades distintas sin convertir cada ajuste en un proyecto de mobiliario nuevo. Su aprovechamiento depende de seleccionar la configuración y la ejecución adecuadas para cada establecimiento.

Evaluar la experiencia

La documentación compartida no incluye mediciones de ventas, tiempos de reposición o satisfacción del comprador. Por ello, es importante distinguir las funciones del exhibidor de los resultados comerciales que todavía habría que evaluar. Podemos describir qué permite su diseño y cómo podría utilizarse, pero no atribuirle incrementos de conversión o ahorros que no han sido medidos.
Esta distinción ayuda a plantear una evaluación más útil. Además de preguntar cuánto vende, conviene observar cómo se usa: si las presentaciones se identifican, si el acomodo se mantiene después de varias compras y si el personal puede realizar sus tareas sin dificultades innecesarias. Estas observaciones permitirían conocer qué componentes aportan valor en la práctica y qué aspectos de la implementación necesitan ajustes.

El siguiente paso

Aprender del uso cotidiano

Una estrategia completa de shopper marketing podría comenzar por observar tareas sencillas. Comprobar si el comprador encuentra el sabor que busca, si dispone de espacio para comparar y si las instrucciones gráficas le resultan útiles. Del lado operativo, convendría revisar cómo se repone el producto, cuándo se necesita mover la unidad y qué configuración de apoyo responde mejor a esas necesidades. El propósito sería entender la experiencia alrededor del exhibidor, no evaluar únicamente su imagen.
Después podrían probarse ajustes concretos. Cambiar la distribución del surtido, renovar una cenefa o evaluar otra ubicación son intervenciones diferentes y conviene revisarlas por separado. Para conocer su relación con las ventas, habría que considerar disponibilidad, precios y promociones. Para conocer su efecto operativo, sería necesario observar las tareas de reposición, limpieza y montaje. Así, cada decisión de mejora tendría una razón identificable y una forma de comprobar su utilidad.

Conclusión

El exhibidor modular WISE muestra cómo una propuesta gana sentido cuando sus componentes responden a necesidades de uso. Las charolas aportan niveles para organizar; la capacidad orienta el abastecimiento; las ruedas permiten contemplar desplazamientos; las patas ofrecen una alternativa fija, y los gráficos intercambiables permiten renovar la comunicación conservando la estructura. Ninguna de estas características necesita presentarse de manera aislada: su valor aparece al relacionarlas con las personas que utilizan el exhibidor.
Desde AIM, el trabajo consiste en conectar esas decisiones con lo que ocurre alrededor del producto. Elegir un dip, reponer una presentación o reorganizar una zona son tareas cotidianas que merecen atención desde el diseño. Un exhibidor bien planteado no termina cuando se monta: empieza a demostrar su utilidad cuando las personas lo usan.

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